Secundaria

Crónica de un profesor de secundaria. La rutina puede ser así de ¿deprimente?

Crónica de un profesor de secundaria

Entiéndeme, aún soy profesora en prácticas, hago lo que puedo trabajando de otra cosa, gestionando el Máster en Formación del Profesorado con mi preparación como opositora y madre, y ya tengo una edad en la que me cuesta creer en los cuentos de hadas, en los finales idílicos y en esa realidad edulcorada que nos embauca en nuestros años de tierna juventud. Por eso, pensé que me vendría bien leer experiencias ajenas de docentes en activo y bajo el título de Crónica de un profesor de secundaria encontré este libro de Toni Sala que, desde luego, realismo aportará mucho, mucho, pero los ánimos y la motivación te la quitan toda. Más que para futuros profesores, lo recomendaría para quienes ya estén hastiados de la profesión, porque al menos ellos podrán verse reconocidos en lugares comunes. A fin de no transmitir la misma desazón que me ha dejado a mí el libro, voy a intentar darle un enfoque didáctico para sacar provecho del rato tan descorazonador que he pasado leyéndolo.

¿Cómo funciona un instituto de secundaria en realidad?

En España mal, en eso puedo estar de acuerdo. Los recortes, el hacinamiento por la locura de ratios con las que se trabaja, las aulas prefabricadas o improvisadas en cualquier local con escasos recursos y graves carencias, la desmotivación del alumnado, el fracaso escolar, el abandono temprano de la enseñanza, la mala gestión de los centros, la falta de respeto hacia la figura del profesor, las complicadas relaciones con las familias, las reuniones eternas en las que nunca se concluye nada, una legislación que va dando tumbos cada 4 años como máximo… Este retrato parece válido para la década pasada, para esta y seguramente también para la próxima. Hasta aquí, creo que muchos de nosotros, sino todos, podremos estar de acuerdo con el autor.

Los alumnos: esos infraseres

A lo largo de toda la lectura, el texto destila una posición de superioridad del profesor respecto de los alumnos que no me ha gustado nada. Y no me vale la excusa de que él desde su treintena ya había vivido mucho respecto a sus alumnos adolescentes. Yo estoy llegando a la cuarentena y espero no juzgar así ni a mis hijos, ni a mis alumnos, ni a cualquier otro ser humano de menor edad. Que si los alumnos no sienten motivación por nada; que si no merece la pena ni aprenderse sus nombres (esto me ha parecido el colmo del desprecio); que se fastidien si no les interesa lo que les cuenta, etc. En algunos pasajes he llegado a ponerme del lado del alumnado: con semejante opinión sobre los estudiantes, no me extrañaría que la efectividad de su docencia y la motivación que quisiera contagiar a los jóvenes fuera nula. Declaraciones muy duras para alguien tan joven.

La clase magistral de otra época

Quiero dejar claro que no estoy en contra de la clase magistral, ni de la necesidad de memorizar ciertos contenidos, pero cuando se escribió Crónica de un profesor de secundaria, allá por 2010, parece ser que las metodologías activas e innovadoras aún no habían llegado al conocimiento de este docente. En sus clases no hay nada más que explicaciones tediosas, incluso para él, lo que ya me parece el colmo del despropósito. Si el profesor es capaz de aburrirse a sí mismo, claramente algo va muy mal entre esas cuatro paredes. 

Crónica de un profesor de secundaria que no se soporta a sí mismo

Será porque la desmotivación del alumnado era contagiosa, pero en solo 6 años de docencia, el autor ya tenía las expectativas bajo mínimos. Supongo que habrá centros muy difíciles de gestionar, alumnos que te hagan la vida imposible, pero habiendo rotado por institutos de toda Cataluña sin repetir centro en ese tiempo, no me cabe en la cabeza que se sintiera así de frustrado. En algunos pasajes llega a decir cosas como que se produce asco a sí mismo con lo cual, sincero parece, pero desde luego no es un ejemplo para guiar un aprendizaje de nadie hasta buen puerto. De hecho, he indagado un poco acerca de su trayectoria y me congratula saber que actualmente se dedica a escribir y a la docencia universitaria, proyectos ambos que seguro que le producirán menor hastío que el trato con los más jóvenes de nuestra sociedad.

En su favor diré que tiene un gran dominio de la lengua y redacta de un modo fluido, logrando crear cuadros perfectos, sobre todo en la caracterización de los profesores en las reuniones de departamentos y claustros. Creo que ha quedado desfasado porque ni la metodología, ni la legislación actual coinciden ya con las que Toni Sala describe, aunque si no tenemos nada de suerte en nuestro camino como docentes puede que nos topemos con las situaciones personales y profesionales que él describe.

¿Me recomiendas algún otro libro de profesores de secundaria que devuelvan un poco de alegría a mi espíritu?

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