Oposiciones

Opositora y madre (III) ¿Cuántas palabras por minuto puedes escribir?

Cuántas palabras por minuto puedes escribir

Ponerte a opositar y calcular ¡todo es empezar! Hacía tiempo que no había tantos números trascendentales en mi vida. Primero empecé por el asunto de los robatiempos para opositores, porque de nada servía rascar minutos de mi vida personal y laboral si luego los iba a perder por culpa de las redes sociales y distracciones varias. A continuación, la estadística y la probabilidad entraron con fuerza en mi existencia, al valorar que no me iba a poder estudiar los 72 temas del temario para las oposiciones de Lengua Española y Literatura. ¡Más cifras para el carro! Y cuando ya llevaba adaptados casi la mitad de los temas que pensaba estudiarme en profundidad ¡el acabose! Hice una prueba de escritura que os comenté en Instagram y descubrí que mis temas de 4.000 palabras no iba a poder plasmarlos en 2 horas de examen. Había buscado información para saber cuántas palabras por minuto puedes escribir a mano, de forma que ajustando un poco el tiempo, valorando que al final del examen escrito de las oposiciones iremos algo más despacio, que el brazo se quedará insensible y que no podremos parar ni a pensar, ni a respirar, ni a hacer florituras con los índices y títulos de los apartados que redactemos, comentaban que lo habitual es que los opositores escriban menos de 3.000 palabras en sus exámenes. Me pareció poquísimo ¡hasta que lo intenté personalmente!

Si a mí se me da muy bien memorizar

¡Olé por ti! Esa era mi premisa: para qué voy a recortar tanto los temas si yo siempre he tenido buena cabeza para almacenar y recuperar información. Así es que poner el límite en 4.000 palabras me pareció una buenísima opción para llegar al examen y demostrar el coco que tengo y mis capacidades por encima de esas criaturas que “solo” escriben unas 2.500 palabras en una prueba tan trascendental en sus vidas. Así es que, 6 meses después de haber empezado con mi organización como opositora y madre, puse el cronómetro en marcha, me concentré y me lancé a escribir todo lo posible durante 10 minutos. Para obtener una marca mejor, en lugar de pensar e intentar memorizar un texto, como tenía a mis hijos alrededor (que espero que no estén de cuerpo presente el día del examen oficial), decidí copiar un escrito que tenía al lado, para no ralentizarme de forma poco realista. Pues ni siquiera copiando literalmente y con mi máxima velocidad logré pasar de las 2.600 palabras. ¡Drama al canto! No solo porque mis temas de 4.000 palabras me estaban haciendo memorizar un tercio más de lo que realmente iba a ser capaz de escribir el día de la prueba, sino porque con una diferencia tan brutal, podría empezar muy bien la defensa del tema, pero se me iba a quedar a media hiciera lo que hiciera. Es más, pensándolo fríamente, si reducía los temas a 2500 palabras, en el tiempo en que ahora podía prepararme 3 temas, lograría memorizar 4 ¡que se dice pronto! Un tercio menos de esfuerzo con un resultado óptimo, porque al menos podría llegar a plasmar en el papel las conclusiones y la bibliografía.

Siendo realistas ¿cuántas palabras por minuto puedes escribir a mano?

Vale, en ese momento debo reconocer que me parecían incluso demasiadas esa media de 3.000 palabras para los opositores estándar. ¿Eran humanas esas criaturas? Aquí empecé a encontrar teorías de todo tipo: desde quienes sostienen que los que escriben menos es porque pierden mucho tiempo en pensar (el cual no era mi caso, ya que yo había copiado sin descanso un texto, no había tenido que traer a mi memoria nada); los que tienen una letra demasiado grande e invierten más segundos en su caligrafía; los que se recrean en cuidar el formato y la legibilidad de la letra y van a paso de tortuga; los que literalmente no se saben el tema y escriben poco, pero algo, por tal de rellenar y llegar al cinco raspado. Sin aspiraciones de amanuense, si trato de hacer una letra inteligible, cuidar la rectitud de las líneas, no comerme los márgenes de la página y redactar de forma organizada, a la máxima velocidad es imposible que pueda ir. Con lo cual si mi velocímetro era incapaz de marcar más 2.600 palabras en 2 horas ¡qué examen más escueto me iba a quedar!

Otras cuestiones que influyen en tu velocidad al escribir a mano

No quería caer en depresión por mi mal resultado, pero la verdad es que no me veía haciendo prácticas para fortalecer esa musculatura manual que parecía habérseme atrofiado tras tantos años de escribir casi exclusivamente a ordenador y con el teclado del móvil. Me puse manos a la obra y a los pocos días busqué otros 10 minutos de concentración, sin niños, a lo que uní un cambio de bolígrafo, pasando de uno mega grueso a otro fino, como los BIC clásicos de toda la vida. Además, tuve especial cuidado porque, al escribir sobre una libreta gruesa en lugar de en un folio a ras de mesa, llegaba un punto en el que el apoyo del antebrazo quedaba en suspensión y eso me hacía sufrir toda la extremidad. O sea, nunca he creído ser demasiado mayor para opositar pero, tras el dolor acumulado en un ratito tan breve tratando de averiguar cuántas palabras por minuto podía escribir a mano, estuve a punto de caer en el derrotismo. Sin embargo ¡triunfé! Bueno, o al menos mejoré muchísimo mi primer resultado. En 10 minutos logré escribir 3.600 palabras, lo cual hizo que, de repente, la longitud de mis temas fuera factible (porque prefiero estudiar siempre un poco más para no quedarme sin escribir un poco menos en caso de sufrir algún olvido) y la largura de ese utópico examen de 2 horas de duración más que digna, en comparación con la media de 3.000 palabras que se suele dar por válida.

Y hasta aquí, el resumen de lo fácil que es cambiar el ánimo de un opositor con obstáculos de 10 minutos. ¿Tuviste en cuenta tu velocidad personal a la hora de escribir a mano? ¿Adaptaste tus temas a tu marca personal para invertir el tiempo justo en la preparación de cada unidad?

Seguro que también te puede interesar

Sin comentarios

    Deja una respuesta

    A %d blogueros les gusta esto: