¿Quién soy?

Un día te contaré la historia de todos los blogs que tengo, pero permíteme mantener el anonimato durante mis pimeros pasos hacia el objetivo de convertirme en profesora de secundaria, de opositar, de luchar por ser funcionaria de carrera y sobre todo, de poder dedicarme profesionalmente a lo que considero mi vocación frustrada, el trabajo que, ahora que tengo hijos propios, he reconocido como el más necesario para el funcionamiento de esta sociedad.

Me puedes considerar corta de luces porque en mi adolescencia decidí que sería mejor dedicarme al periodismo que a estudiar Filología Hispánica. Por aquel entonces parecía una decisión acertada: una profesión con más futuro, más moderna, más liberal, mi nota de selectividad no estaría desaprovechada, porque cualquiera con un 5 podía ser profesor y para ser periodista necesitabas casi un 7 como mínimo… Todo parecían ventajas. Sin embargo, desde el primer día en la universidad supe que no había elegido adecuadamente.

Tanto es así, que jamás he ejercido como periodista tradicional. He huido de los medios de comunicación y sus polémicas, reconduje mis pasos hacia la investigación y la docencia universitaria a través del doctorado, y posteriormente, para conciliar mi vida laboral y familiar al nacer mi primera hija, he desempeñado trabajos como autónoma, generando contenidos digitales relacionados con la familia, el embarazo, la educación infantil y primaria, actuando como community manager… Un batiburrillo de trabajos autónomos que me permitieran vivir y criar en primera persona a mis hijos.

Pero como dice mi madre, tus hijos crecen y ves que el trabajo que te ha sido de utilidad para salir del paso en estos últimos años ya no te llena. Es monótono, te parece completamente prescindible, mecánico y cuando se acaba la ilusión todo deja de merecer la pena. Así, durante una semana agobiante de trabajo, desbordada por las responsabilidades familiares y por no disponer de tiempo para mí misma, hablando de las oposiciones de magisterio y de secundaria con mi familia, volvió a mi cabeza el proyecto profesional que había dejado aparcado por mi maternidad. Definitivamente, yo quiero dedicarme a la docencia y pese a mi situación actual como madre y trabajadora a tiempo completo, las odiadas oposiciones me parecieron el procedimiento más justo para valorar mis aptitudes. ¿Quién podría pensar así?

En pocos días recopilé las bases y normativas para la convocatoria de oposiciones al cuerpo de profesores de secundaria del año 2020. Yo no iba a presentarme este año, pero necesitaba disponer de toda la información posible, valorar mis posibilidades y hacer cálculos realistas acerca de si un cambio de vida a estas alturas de mi existencia sería factible o una locura de señora aburrida en su casa.

La conclusión la tienes ante tus ojos. Decidí tirar adelante con mi proyecto, pero antes de opositar necesitaba obtener el Máster en Formación del Profesorado de Secundaria. ¡Horror! Esto suponía tener que hacer un tremendo desembolso inicial, puesto que no estaba en condiciones de acudir a clases presenciales más económicas y debía elegir una universidad privada (la UNED ni siquiera me respondió a los emails solicitando información, ni descolgó el teléfono ¡con lo amante de la cosa pública que soy!) que me permitiera cursarlo completamente a distancia. Además, tendría que dedicar casi el primer año en el que iba a empezar a estudiar para las oposiciones a compatibilizar ambas tareas. En resumen, 24 horas al día para: ser bimadre a tiempo completo; trabajar a tiempo completo; sacarme el máster; empezar a preparar las oposiciones. ¡El más difícil todavía!

Por fortuna ¡el optimismo es mi fuerte! Claro que con el paso de los meses, y habiéndome dado un plazo de 2 años y medio para opositar, la vida puede cambiar drásticamente, encontrar obstáculos inesperados, perder minutos de forma incontrolable, descubrir que la maternidad me ha borrado parte de mis fantásticas habilidades para el estudio que me habían acompañado durante mi época de estudiante… Sin embargo, ser madre también me ha dotado de unas capacidades asombrosas para la organización del tiempo, para la gestión eficaz de temas de lo más diverso, para saber priorizar y no perder la vida eligiendo la libreta cuqui que me va a acompañar, si los resúmenes me los voy a hacer con letra Arial o voy a destinar algunas horas a buscar una tipografía a la última, o el color de moda para mi subrayador fluorescente favorito (de verdad, es querer opositar y que se le vayan a una los ojos detrás de estas monaditas).

Así es como empieza mi aventura en el mundo 2.0, solo unas semanas después de que haya tenido comienzo en el mundo real. Si has llegado hasta aquí y quieres conocer el desenlace de este punto de mi biografía, espero sacar tiempo para desvelártelo semanalmente. Ojalá en pocos años pueda narrarte el final de mi vida como opositora y el inicio de mi carrera como profesora de secundaria. ¿Me das ánimos para conseguirlo?

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