Sustitutos

Ser tutor sustituto no está pagado. Literalmente

tutor sustituto no está pagado

Hoy os cuento mis experiencias como sustituta a la que le han asignado una tutoría en todos y cada uno de los puestos que he cubierto este año. Cuando digo que ser tutor sustituto no está pagado en secundaria y bachillerato no lo hago de forma retórica, sino ciñéndome al máximo a la literalidad de esta expresión. En Cataluña, el complemento de tutor (entre 50 y 80 euros más al mes, en función de si te asignan un grupo de ESO o de Bachillerato) no se cobra hasta que llevas 3 meses ejerciendo en el mismo puesto. No sirve si has trabajado 9 meses pero cambiando de destino: aunque hayas sido tutor durante todo el curso, hasta que no llegas a hacerlo 3 meses en el mismo centro no te corresponde ni un euro. Si lo consigues, te pagan los atrasos con efectos retroactivos, pero muchas, muchas veces, las sustituciones no se alargan tanto. La más duradera que he tenido este año ha sido de 2 meses y medio, por lo que ¡me he quedado a las puertas del sobresueldo! Aunque lo cobres, la cantidad es de risa para la faena que da gestionar a un grupo de adolescentes de entre 23-31 miembros. ¡Son muchas almas con necesidades que atender! Por eso, la vocación del profesorado vuelve a ganar el pulso en esta tarea, que discurre paralela a la docencia de una asignatura sin más.

¿Por qué ser sustituto no está pagado?

Supongo que porque cuando alguien aterriza en un nuevo centro para pasar pocos días, lo más probable es que no tenga tiempo ni de familiarizarse con el alumnado, ni de recibir visitas de sus familias, ni de ganarse su confianza para tener entrevistas individuales con alumnos concretos, ni de dirigir reuniones de evaluación, tramitar expulsiones, planes individualizados, citas con profesionales externos al centro (psicólogos, psicopedagogos, médicos, etc.). Lo máximo que tendremos que hacer como tutores sustitutos será organizar actividades de grupo para la hora de tutoría semanal y trasmitirles informaciones de su interés: quejas del equipo docente, novedades del centro, becas, plazos de matrículas, charlas, encuentros, salidas, etc. Pero, ¿qué pasa cuando la sustitución se alarga más de lo previsto pero sin llegar a los 3 meses? Que puede generarse un verdadero clima de confianza y una asunción de roles y tareas por parte de los interinos, que simplemente llevamos a cabo por nuestra buena voluntad y la implicación personal con cada alumno. Porque si fuera por la raquítica compensación económica, ¡nadie aceptaría ser tutor!

Tipos de tutores titulares, sustitutos, comprometidos, pasotas… ¿Quién me quiere más?

Desde luego, la administración debe querer más a los sustitutos, porque como salimos gratis… Pero los alumnos, ¿cómo pueden llegar a acercarse y encariñarse tanto con una persona que saben que está de paso en sus vidas? No sé si será porque en vez de tutora yo voy ejerciendo sin querer un papel de segunda madre por los institutos por los que deambulo, y esto hace que en pocos días los alumnos decidan contarme cosas de las que nadie en el centro tiene constancia. ¡Un papelón! Porque siempre empiezo dándoles la oportunidad de expresar sus “quejas” sobre diferentes aspectos del día a día del centro en tutorías colectivas (cosas menores, nada de convertir aquello en una tertulia de despelleje del equipo docente) y la mayoría de las veces me dicen que a ellos nadie los escucha, que en tutoría les suelen dar las noticias académicas de la semana y ellos simplemente pueden escuchar pero no hablar. Eso sin contar con la experiencia paranormal en la que la tutora llevaba un trimestre y medio sin hacer tutoría, porque aprovechaba la hora para seguir avanzando en la materia. ¡Esas criaturas estaban deseando hablar! Y la de casos que se me vinieron encima y acabaron invadiendo hasta mi vida personal con algunos de los problemas que conocí allí. La sensación de que están deseando que alguien les escuche, incluso aunque no podamos ayudarles de forma directa, me tiene perpleja.

Mi experiencia en tutoría

Las más largas e intensas las he tenido con un grupo de 3º de ESO y otro de 1º de Bachillerato, ambos etiquetados como “las peores clases del instituto”. Lo de las etiquetas facilita mucho las cosas para hacernos una idea general de cómo será el grupo ante el que nos estamos presentando, pero ¡no cuadran con la totalidad del alumnado que convive allí dentro! Esto me ha hecho vivir situaciones muy atípicas en las que los alumnos retratados como los más conflictivos del instituto durante años, han acabado siendo los que más se han abierto porque “tú no tienes los prejuicios del resto de profesores, que conocen mi comportamiento de los últimos años y no creen que haya cambiado”. Por supuesto que acudí al resto de docentes para informarme de los antecedentes de estas criaturas (que eran bien jugosos, todo hay que decirlo) pero también veía cómo durante las horas de tutoría se iban implicando, cómo pedían citas individuales y cómo confesaban asuntos que no se habían atrevido a mencionar antes. Y desde ese momento, ¡vivimos en calma! Algo que me parecía increíble, porque entre mi inexperiencia docente, incorporarme con el curso muy avanzado y hacer poco más que escuchar lo que los alumnos tenían que decir, no veía que les hubiera aportado nada de valor.

Mi última sustitución acabó entre lágrimas de diversos alumnos de mi tutoría, y de mi asignatura en otros niveles, y con una despedida súper emotiva que jamás hubiera imaginado (y según me comentaron los profesores de mi departamento, ni se había visto en aquel centro en 25 años de historia). Al final, como tantas otras cosas en la educación pública, la implicación de los tutores acaba dependiendo de la buena voluntad de cada docente, porque es cierto que ser tutor no está pagado: es una carga extra de trabajo considerable, no contamos con una formación específica para hacer frente a las necesidades de un alumnado tan diverso ¡y son pocas las horas de tutoría para poder atenderlos a todos de la mejor manera posible! ¿Cómo han sido tus tutorías? ¿Historias de amor o una carga pesada de llevar?

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1 Comentario

  • Responder
    Papá opositor
    13 mayo 2022 at 16:41

    Hola, Lucía:

    Sigo tu blog desde hace meses y me encanta. Soy un «papá ex-opositor» que aprobó el año pasado en Canarias. Mucho ánimo con el trabajo y los estudios. Estoy seguro de que podrás sacar tu plaza en las próximas opos.

    Un saludo

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